Los alemanes y el Islam


El presidente alemán, el demócrata cristiano Christian Wulff, ha marcado un hito en esta semana en las relaciones entre Alemania y Turquía exigiendo, en visita oficial y ante el pleno del parlamento turco, más respeto a los derechos de las minorías cristianas en ese país. Textualmente dijo que “lo que esperamos es que los cristianos puedan vivir en países musulmanes con los mismos derechos de los que gozan los musulmanes en Europa” y recordó que “la libertad religiosa forma parte de la concepción de Europa como comunidad de valores”, en clara alusión al interés de Turquía por entrar en la UE. Con estas palabras llevaba a su justa medida las quejas y reivindicaciones que generan buena parte del malestar que, por otra parte, no es exclusivo de Alemania. El creciente rechazo a la inmigración musulmana, que tiene parte de idea política, pero cuyo verdadero peso lo adquiere como fenómeno sociológico, se extiende por toda Europa

En Viena, los ultras del Partido Liberal Austriaco (FPÖ) acaban de doblar su resultado electoral al obtener el domingo el 27% de los votos en las elecciones para la alcaldía de la ciudad. La clave ha sido una campaña centrada en la xenofobia y la hostilidad hacia los emigrantes. En Hungría un partido de extrema derecha, el Fidesz, que gobierna la nación con mayoría de dos tercios en el parlamento, acaba de hacerse con la mayoría en todos los parlamentos locales y en todas las grandes ciudades del país, excepto una, Szeged, confirmando su conquista total del Estado. Por primera vez en 65 años, Budapest tendrá un alcalde de extrema derecha, cuyo partido se ha hecho con casi 600 de los 649 puestos de alcalde y jefe de administración del país. En tres distritos del oeste los neofascistas del Jobbik se han convertido en la segunda fuerza política de Hungría, por delante de los socialdemócratas.

En Alemania, un reciente estudio de la Fundación Friedrich-Ebert señala que más de una tercera parte de los ciudadanos cree que una Alemania sin Islam sería mejor, un 55% declara que los árabes le son “desagradables”, y un 58% considera que “habría que prohibir la práctica de su religión”. La conclusión del estudio es que las posiciones ultras, “decididamente antidemocráticas y racistas”, así como la aceptación del darwinismo social (sobreviven los más fuertes) y de la desigualdad, han conocido un incremento en 2010. Aumenta el “potencial antidemocrático” de la sociedad, y el antiislamismo podría ser su termómetro esencial.

Pero la radicalización, y esto lo aclara también el estudio, no tiene que ver con que los alemanes cristianos deseen imponer sus valores a los musulmanes, sino que exigen que estos respeten la Constitución y las leyes. La tolerancia de los alemanes parece haber encontrado un tope en hechos como que en barrios de Berlín no se rotulen los negocios en alemán, sino en turco o en árabe, que no se permita a las niñas hacer deporte en los colegios o que no se envíe a agentes de policía a patrullar por el hecho de que son mujeres, por no hablar de otros aspectos muy difíciles de cuantificar pero que parecen estar a la orden del día como las ablaciones o los matrimonios de menores pactados por las familias. Todo esto es lo que ha llevado a la canciller Merkel a pronunciar la frase que marca un punto y aparte en las políticas de integración alemanas: “Los intentos de construir una sociedad multi-cultural en Alemania han fracasado, han fracasado por completo”. “La imagen cristiana de humanidad es lo que nos define, quienes no lo acepten están de más aquí”, ha sentenciado la canciller.

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3 respuestas a Los alemanes y el Islam

  1. FERNANDITO dijo:

    Y a vosotros anda que no os mola estos datos y declaraciones, verdad?

  2. Jak Tello dijo:

    No debemos despreciar a nadie, pero si todos tenemos bien claras las ideas sobre los derechos de libertad y justicia conseguidos en la civilización occidental, no podemos dejar que se nos invada con normas que no entran en nuestro sentido de la vida. El evangelio de Jesús de Nazaret es una filosofía que no debiera ofender a nadie, siempre y cuando es el fundamento de la convivencia humana. Dejemos de consentirlo todo y seamos unos exigentes ciudadanos en la práctica de las enseñanzas evangélicas. Sobran “progres” con teorías absurdas y decadentes, que sólo nos conducen a contemporizar con la desidia en todos los sentidos. Defendamos lo nuestro que al fin y al cabo es lo menos malo.

  3. Pingback: Los números de 2010 | Desde Berlín

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