Cuento de Navidad

Flandes, 24 de diciembre de 1914. La Primera Guerra Mundial va por su quinto mes y millones de soldados se apiñan en la red de trincheras que cruza la campiña europea. Cae la noche glacial. Los soldados alemanes habían recibido arbolitos navideños para elevar su moral. Entre los años 680 y e754, San Bonifacio ilustró un sermón a un grupo de druidas cortando un árbol que simbolizaba para ellos el sagrado árbol del Universo y en su lugar plantó un abeto que adornó con manzanas y velas como símbolo del amor de Dios. Desde entonces no ha faltado en los hogares alemanes este símbolo de la Navidad y los soldados de la I Guerra Mundial, a medida que encendían las velas con las que adornaban los abetos, se fueron entregando al espíritu que durante siglos ha traído este árbol a las Navidades germanas.
Lo que sucedió a continuación consta en los informes militares custodiados por el Archivo Histórico Alemán. Los soldados comenzaron a cantar las canciones y villancicos aprendidos de niños. En la trinchera de enfrente, los soldados ingleses escuchaban atónitos. Algunos de ellos comenzaron espontáneamente a aplaudir a sus enemigos, e incluso a cantar sus propios villancicos, que eran, a su vez, recibidos con aplausos desde las trincheras alemanas.
Varios hombres de los dos bandos se decidieron a salir de las trincheras, primero arrastrándose, después a gatas, para cruzar la tierra de nadie y encontrarse físicamente con sus enemigos; pronto les siguieron muchos otros. Un extraño paréntesis en la guerra permitió que unos a otros se dieran la mano, compartiesen cigarrillos y dulces, e incluso que se enseñasen las fotos de sus familiares que llevaban en el bolsillo de la guerrera, el lugar más próximo al corazón. Se dice, quizá esto forme ya parte de la leyenda, que jugaron más de un partido de fútbol y que la camaradería continuó hasta que la noticia llegó a sus respectivos generales, que se encargaron de que la escena navideña no volviese a repetirse.
Y desde entonces no se ha repetido. Hoy, los soldados en el frente, o en misiones humanitarias, reciben en Navidad menús especiales, imágenes de sus familias por ordenador, e incluso las visitas de ministros y jefes de gobierno. Pero la Navidad pasa por ellos, igual que por muchos de nosotros, sin sentir el irrefrenable deseo de salir al encuentro de nuestro enemigo y tenderle la mano.

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Una respuesta a Cuento de Navidad

  1. Ferran dijo:

    Sencillamente magnífico. ¡Eso es la Navidad! La paz que quiere nacer en nuestros corazones para dase a los demás. Genial.

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