El milagro alemán.

Desde que, a primera hora, la Oficina Federal de Estadística ha dado las cifras definitivas de crecimiento económico de Alemania en 2010, no dejo de recibir SMSs y correos electrónicos de colegas en redacciones, empresas y bolsas de medio mundo. “¿Cómo lo hacen?”, me preguntais. Pues la receta es, más o menos, esta.

En 1948, cuando el general George Catlett Marshall era secretario de Estado del Presidente Harry Truman y dio nombre al plan para apoyar con dólares la resurrección de la devastada Europa, llamó a Alemania para preguntarle a Konrad Adenauer cuántos millones quería para proveer de leche, huevos, legumbres y ropa a una población que sobrevivía a la posguerra en situación de indigencia. “Ni un solo céntimo”, respondió Adenauer, “Para eso no queremos ni un céntimo. Ahora bien, para industrias, carreteras y plantas generadoras de electricidad, todo lo que nos quieran enviar. Préstamos blandos y no tan blandos. Todo será bienvenido”. En esta conversación telefónica quedaron establecidas las bases del milagro alemán, con crecimientos de la producción industrial del 25% en 1950 y 18.1% en 1951: austeridad en el gasto, inversiones a largo plazo y pocas alegrías en las vacas gordas. Ese mismo modelo es el que ha sacado a Alemania de la última crisis.

Si nos fijamos bien, el milagro siempre estuvo ahí, aunque durante 20 años fue poco visible en las cifras macroeconómicas, debido a los incalculables costes de la reunificación. En 2003, para afrontar los retos competitivos de la economía globalizada, el gobierno Schröder lanzó la Agenda 2010. Jubilación a los 67, flexibilización la contratación y el despido y recortes en los subsidios por desempleo, equiparados prácticamente a los de EE. UU. En definitiva, se reorientó el sistema de bienestar desde la obesidad hacia una puesta en forma que permitiese mantener el empleo.

Con Merkel, Alemania siguió arando el surco de la moderación salarial y de la productividad, lo que aumentó su competitividad respecto a la media de la zona euro. Aproximadamente el 20% de los alemanes trabaja por salarios de menos de 9 euros por hora y el salario mínimo no está legislado. Los sueldos llevan cayendo desde 2004, cuando el salario neto medio por empleado era de 16.471 euros anuales, hasta el año pasado, cuando quedó en 15.815 euros. Como consecuencia, el paro se ha reducido de 5 millones a menos de 3 y la competitivdad de sus productos ha mantenido muy vitales las exportaciones. Esto solo es posible en una cultura económica teñida de valores cristianos, que valora el trabajo más que la riqueza. Fue Martín Lutero el que dijo que “la riqueza es el más mezquino y pequeño don que puede conceder Dios a un hombre”.

Mientras en España los trabajadores aprovechaban la bonanza para endeudarse en la compra de viviendas, en Alemania los sindicatos pactaban contención de los salarios como inversión en empleo estable y los trabajadores ahorraban, evitando la aparición de las pérfidas burbujas y alimentando el sector financiero. El consumo se ha mantenido muy bajo, el sector inmobiliario tiene aquí mucho menos peso y la salud financiera de las empresas, tanto en términos de rentabilidad como de endeudamiento y negociación colectiva llevaba años de adelanto.

Merkel ha conseguido, además, un cóctel en el que alcanzan un perfecto equilibrio los rigores presupuestarios y las medidas de estímulo anticrisis. Es cierto que ha recibido una ayudita inesperada del cambio dólar euro a partir del mes de abril, un retorcido efecto de las crisis del euro que ha hecho aún más competitivas las exportaciones alemanas, aunque no hay que olvidar que el 40% de las ventas de Alemania al exterior van a parar a países de la UE, por lo que el efecto del euro bajo es limitado.

Uno de sus grandes aciertos ha sido dotar a las empresas de cláusulas de escape en los convenios que permiten ajustar la jornada y los salarios a la caída de la demanda. De este modo, las horas extraordinarias por trabajador se han reducido significativamente en 2009, al igual que la duración de la jornada, con lo que ha salvado millón y medio de puestos de trabajo y esto, más que un milagro, parece magia.

Con todo esto, Alemania ha pasado de una recesión del 5% del PIB en 2009 a un crecimiento del 3,6% en 2010, lo que supone no solo remontar, sino trasvasar un ritmo económico chino al centro de Europa.

Pero, por admirable que resulte, no nos dejemos despistar por toda esta combinación de políticas que han desembocado en un crecimiento portentoso porque el milagro, el verdadero milagro que está sucediendo hoy en Alemania, a la vista de todos, es la determinación en las políticas de consolidación presupuestaria. A pesar de que ha dejado atrás la crisis, crece a un sano 3,7% anual, mantiene el paro en el 6,7% que en más de la mitad de su territorio supone pleno empleo, y con el segundo superávit comercial del mundo, el gobierno de Berlín no se apea de su plan aprobado en mayo para recortar 80.000 millones de euros del gasto público hasta 2014 con el objetivo de reconducir el déficit. Sólo en 2011, gastará 11.100 millones menos que en 2010. No hablamos solamente de la eliminación de 10.000 funcionarios y la reducción de un 2,5% del sueldo de los restantes. También afrontará un drástico ahorro en ayudas sociales: 500 millones menos al año para políticas de natalidad, 2.000 millones menos para protección por desempleo y la supresión de subvenciones al alquiler.

El coste electoral de esta política es elevado, pero el gobierno está convencido de que con ella se está gestando el milagro alemán del que hablarán los titulares de los periódicos de la próxima década, Como la propia Merkel ha recordado, “lo que llaman milagro alemán no existe; existen los alemanes que madrugan cada mañana, trabajan duro y afrontan sus responsabilidades”.

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3 respuestas a El milagro alemán.

  1. Isabel Grande del Río dijo:

    La propia Merkel es la primera en ofrecer una imágen de austeridad, que para sí quisieran las minitras de Zapataero. En España hay mucho que aprender al respecto. Ojalá tomen nota y pongan manos a la obra.

  2. Pingback: Desgraciadamente: más política « La Ley del Autobús

  3. raul vargas dijo:

    Bajar salarios, disminuir las ayudas sociales? y luego que, disminuir las raciones de comida y los servicios de salud? todo bajo tu argumento que la sociedad alemana si valora el trabajo y los trabajadores de otros paises no?

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