La última de Gunter Wallraff

La peli se titula “Negro sobre blanco” y es un trabajo de investigación del periodista alemán Günter Wallraff, que 65 años después de Auschwitz se ha propuesto cuantificar el nivel de racismo que queda todavía en la sociedad alemana.
Esta vez, Wallraff se ha disfrazado de africano para recorrer el país armado con dos cámaras ocultas. Una de ellas va disimulada en un botón de la camisa de su personaje, el somalí Kwami. La segunda está escondida en la solapa de la chaqueta de un reportero cómplice, que simula, como ciudadano alemán blanco, repetir las mismas diligencias, las mismas solicitudes, los mismos paseos y compras del primero, constatando un abismo de diferencias entre el trato a uno y a otro. El documental, emitido la semana pasada por el canal de televisión franco-alemán Arte, no deja lugar a dudas.
Las reacciones de los alemanes de a pié, no por previsibles, son menos preocupantes. El somalí, a pesar de que se comporta en todo momento con educación y respeto, despierta recelo, burlas, franco repudio y amagos de agresión. El alemán encuentra información, disponibilidad y escucha impávido los cotilleos despectivos sobre el tipo de color que vino antes que él. Cuando Kwami visita un apartamento para alquilar, la propietaria pone mil condiciones, infla las tarifas y respira aliviada cuando sale por la puerta. Los jubilados huyen de él en el parque, las madres se llevan a los niños y el reportaje está a punto de terminar en paliza en un tren en el que viaja con hinchas de fútbol medio borrados que amenazan con un linchamiento. “Europa es para los blancos y África para los simios” le dicen en la puerta de una discoteca en la que no le permiten la entrada.
Estas imágenes no serán publicadas por cadenas de televisión generalistas. El propio Wallraff, a sus 68 años, se ha ganado en su país la fama de una especie de friki del periodismo de investigación por varios trabajos igualmente molestos, al estilo de Jack London (El pueblo del abismo) o John H. Griffin (Un negro como yo), es decir, como Callejeros pero con línea editorial, intención moral y actitud de denuncia. Se podría citar también, como precedente cinematográfico, la peli de Fassbinder, en los 70, en la que recreó el calvario de un inmigrante marroquí enamorado de una señora alemana. Tampoco es la primera incursión de Wallfarr en el género. En los 80, metió el dedo en el ojo con un enorme éxito de ventas en las librerías, su “Cabeza de turco”, que contribuyó a instaurar una primera legislación anti-racista en Europa.

La pregunta es si Wallraff lleva a la generalidad unas actitudes sumergidas solamente en la Alemania profunda o si debemos aceptar el escalofriante diagnóstico de sociedad profundamente racista. Muchos colegas periodistas alemanes esgrimen reparos deontológicos a estos reportajes realizados con cámara oculta. Yo no puedo evitar preguntarme cuál sería el resultado si realizásemos el mismo experimento en nuestra España.

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Una respuesta a La última de Gunter Wallraff

  1. NorteyOeste dijo:

    El racismo – rechazar lo que no se considera igual, como propio – es algo normal, que existió siempre, y seguirá existiendo… Y no hay ley capaz de cambiar éso…
    En este asunto – y en otros muchos – el hombre necesita hacer un esfuerzo mental para comportarse “dignamente”, como dicen que debe comportarse una mente racional…
    Mirado el asunto racionalmente, fuera del campo del cristianismo, lo más lógico es ser racista, y no ser solidario…

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