Los extremos de la pirámide demográfica se tocan

No son abuelos y nietos, pero conviven a diario bajo el mismo techo, el de la residencia de ancianos “Pflegen & Wohnen Farmsen”, de Hamburgo , entre cuyos muros alberga también una guardería. 80 niños de edades comprendidas entre los 6 meses y los 6 años, comparten actividades con los 215 ancianos que voluntariamente quieren participar y acuden a las salas conjuntas. Esta experiencia pedagógico-social, que adopta la apariencia de una iniciativa revolucionaria en el ámbito educativo, no es más que la consolidación en el terreno público de una experiencia que lleva siglos funcionando en el ámbito privado: allí donde no llegan los papás, los abuelos se ocupan y dos generaciones se dan la mano en un incalculable enriquecimiento mutuo.
“Los ancianos son para los niños una balsa de estabilidad, una especie de colchón paciente, comprensible y protector con los que se sienten colmados de tiempo y de ternura”, explica la vicedirectora de este Kindergarten, Jennifer Hinsch. “Ni siquiera la formación que tenemos los cuidadores o pedagogos profesionales puede suplir la dedicación y la ilusión que despliegan estos ancianos en su relación con los niños.

Paul Strauch, de 85 años, lee cuentos en la sala de lectura a dos o tres pequeños que le interrumpen constantemente con las preguntas más insospechadas. “Este, de mayor, va a ser periodista”, bromea el improvisado abuelo, que parece disfrutar con la forma en que las agujas del reloj giran y giran, estirando la lectura de un libro durante el doble de tiempo planeado, un hecho que desesperaría a cualquier profesor y a cualquier pared ocupado.
Mientras tanto, en la cocina, un grupo de niños y ancianos preparan juntos un pastel bajo la supervisión de Imke Göken, de 27 años, una de las trabajadoras del centro. “El hecho de que haya adultos acompañando esta actividad no impide que la harina y los huevos terminen esparcidos por toda la habitación, pero tanto unos como otros pasan la tarde más tranquilos”, advierte Göken.
“La principal diferencia entre este y el resto de los kindergarten es que estos niños están desarrollando un sentido de la vejez, están desarrollando una sensibilidad hacia la fragilidad y la enfermedad, como parte de su propio proceso de socialización. Y para los ancianos está muy claro que se sienten más útiles y más arraigados, que establecen relaciones de ternura con los niños y de alguna forma vencen sus propias limitaciones por el impulso que generan en ellos los niños. Se olvidan de los achaques, vaya!” describe la vicedirectora Hinsch, que insiste sin embargo en que los ancianos no pueden sustituir en modo alguno la tarea de los educadores. “Son funciones distintas y complementarias”, dice.
En la sala contigua, una encantadora mocosa de 5 años protesta, indignada, ante un tablero de ajedrez: “!Ya no juego contigo porque me haces trampas!”, mientras una anciana de unos 80 años se deshace en risas y concede: “Bueno, empezaremos desde el principio como tú dices, pero si no quieres que matemos al rey, ya me dirás cómo va a terminar la partida!”.

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