Guerrila Garten

Todavía estaba en pie el Muro de Berlín cuando Osman Kalin okupó una parcelita adyacente a la denominada “zona de la muerte”, en la que tanto las madres des este como las del oeste prohibían a sus hijos jugar por miedo a las balas perdidas, para plantar una pequeña huerta. Su lógica, sencilla pero aplastante, desafiaba al dislate global de la Guerra Fría: mejor tierra cultivada que tierra yerma.
Yo ví por primera vez a Osman kalin en 1997 (Ana Alonso, que tiene mejor memoria, recordará aquel fugaz encuentro con más detalle), sin conseguir entender del todo qué hacía aquel hombre cultivando lechugas en un solar abandonado en medio de una gran capital europea. Por entonces era ya un anciano con su barba blanca y su aspecto de ángel perdido, en aquel Berlín habitado por los espíritus más variopintos. No desentonaba, pero su presencia, de puro etérea, era irreal.

¡Quién iba a decirme que aquel ángel hortofrutícola terminaría inspirando una revolución! Bien entrados en el siglo XXI, una guerrilla urbana lo ha tomado como icono y le dedica sus incursiones nocturnas en la decoración urbana de la capital alemana. Se llaman a sí mismos la Guerrilla Garten y actúan desde el más cuidado anonimato. Con nocturnidad, armados de semilleros y plantas jóvenes, okupan solares vacíos o rincones descuidados y plantan jardines un tanto descuidados, pero tupidos y frescos. Así, cualquier vecino que aparcó la bici la noche anterior junto a una farola en un terragal, puede encontrarse la mañana siguiente con que debe traspasar un lago multicolor de petunias y pensamientos para recuperar su vehículo. Descubrir que la esquina de la calle, hasta anoche mismo un espacio a evitar por el barro que forman los charcos de agua de lluvia, se ha convertido en un denso jardín de begonias y tulipanes, causa efectos secundarios como cierta desorientación espacial y resaca psicológica.
Las falta de control sobre los fertilizantes utilizados en estos ataques jardinícolas es total, pero aún así, el alcalde de Berlín, Klaus Wowereit, se niega a perseguir a este movimiento anarquista que ni siquiera respeta la propiedad privada. Igual plantan un vergel ilegal junto a un depósito público de basura que en un patio privado hecho un basurero.
El movimiento anarquista se mantiene activo durante todo el año, pero cobra una inusitada actividad en primavera. Se trata, además, de un tipo de lucha urbana internacionalizada y que cuenta con seguidores también en Londres, Varsovia, Roma y Nueva York. Pero los guerrilleros berlineses se inspiran concretamente en Osman Kalin y han hecho célebre su nombre en internet, por lo que turistas de toda Europa llegan a Bethaniendamm, en el barrio de Kreuzberg, preguntando por su huerta ilegal y dispuestos a comprarle tomates, cebollas e incluso ajos. Kalin parece bastante estupefacto por el fervor que despiertan sus productos, convertido en todo un símbolo involuntario de la resistencia al urbanismo, a la desertización o simplemente a la atonía de los colores del invierno, un catálogo de ideas-sentimientos a la carta, según el gusto de cada gerrillero Garten.

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