Aterrizaje en la Plaza Roja

Acabó en la cárcel, pero sigue creyendo que valió la pena. “Demostré lo lejos que puede llegar un individuo”, dice hoy Mathias Rust, cuando se cumplen 25 años de su aterrizaje en la Plaza Roja de Moscú. Su hazaña dio la vuelta al mundo, mostró las deficiencias de seguridad de la otrora omnipotente Unión Soviética y dejó en ridículo una geopolítica congelada en dos bloques antagónicos que sufría gota y progresiva parálisis.
“Hasta el momento en que despegué en Helsinki no sabía si realmente volaría a Moscú. Peroestaba convencido de que hacía lo correcto. Si no me decidía en ese momento a volar a Moscú, no volvería a tener esa oportunidad”, recuerda, todavía con aire de ensoñación. “Tenía la idea de construir un puente imaginario entre los dos bloques con ese vuelo”, explica.
Rust se había inspirado en Perry Rhodan, el astronauta super héroe de las historietas infantiles alemanas. Tenía solo 19 años cuando, en mayo de 1987, se subió a una avioneta ligero monomotor Cessna-172R con la loca idea de traspasar el telón de acero. “Lo más difícil era encontrar el coraje”, señala, recordando el momento más crítico del viaje, “cuando habían pasado horas desde que cruzara la frontera soviética por Estonia, apareció un avión militar, un MIG-23, y fui presa del pánico. Pensé que había llegado mi hora, pero después de cinco minutos eternos volando en paralelo, sencillamente desapareció. Me planteé si debía retroceder, pero ya había llegado demasiado lejos”.
Tampoco fue sencillo el aterrizaje porque los curiosos se arremolinaban sin dejarle libre el espacio suficiente. La sobrevoló varias veces, pero los curiosos, incluyendo soldados y policías, no entendían que quería aterrizar. Cuando por fin lo consiguió, los moscovitas se le acercaban para saludarle cordialmente. Pero este no era ni mucho menos el final feliz de su aventura, que no había hecho más que empezar.
Quedó en evidencia que el 15% del presupuesto que se gastaba en resguardar seguridad y fronteras no servía para mucho. E l ministro de Defensa soviético fue destituido como consecuencia del incidente, Rust cayó en manos de la KGB y acabó condenado a cuatro años encarcelado en un campo de trabajo. “22 horas al día en una pequeña habitación, caminar dos horas por el jardín de la cárcel… eso fue muy difícil. Muchas veces deseé no haber volado”, reconoce. Fue liberado a los catorce meses en un gesto de buena voluntad del Gobierno de Gorbachov, por el que todavía hoy siente agradecimiento.
En la actualidad, Rust está preparándose para convertirse en maestro de yoga, y es un experto en meditación que sigue negando cualquier relación con los servicios secretos occidentales. Aún hoy resulta difícil creer que emprendiese semejante aventura sin ayuda alguna y las teorías más retorcidas apuntas a que Gorbachov utilizó el vuelo de Rust para hacer una purga general entre la jefatura conservadora de las Fuerzas Armadas que no apoyaban sus reformas, destinadas a reforzar la democracia, la perestroika y la glasnost. Además, a partir de ese momento empezó la desintegración de las Fuerzas Armadas de la URSS y la degradación del propio país. En todo caso, la habilidad de Rust para estar en el sitio adecuado y en el momento adecuado sigue sorprendiendo: en medio de la crisis financiera, hoy ocupa un puesto de responsabilidad en el departamento de inversiones de un banco de Zurich.

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