En la mente de los rescatadores

Si hay algo de lo que no se pueda acusar a Merkel es de falta de transparencia. Desde el principio anunció que esta crisis serviría para crear “más Europa” y con frecuencia repite ese estribillo, que es el que da la clave del liderazgo alemán en la UE. A quienes, como George Soros, se preguntan por qué Merkel no ha apagado el fuego con celeridad, al estilo Lehman Brothers, con una rápida unión bancaria o la emisión de eurobonos que sofocasen el incendio, hay que explicarles que el objetivo de Merkel no es apagar el fuego, sino utilizarlo para quemar rastrojos y poder después hincar el arado de un proyecto de mucho más calado.
Alemania siempre ha sido el país más europeísta y federalista de Europa, de eso no cabe duda. Los líderes alemanes tuvieron siempre muy claro que el euro necesita una unión política que lo respalde y ya en 1991 nos advertía Helmut Kohl: “No nos vamos a cansar de repetirlo. La unión política es la contrapartida indispensable a la unión económica y monetaria”. El tiempo le ha dado la razón. En ese camino, Alemania ha encontrado siempre la resistencia de París al proyecto federal de Europa y en la crisis parece haber encontrado Angela Merkel la palanca con la que cree que podrá hacer saltar la obstinada cerrazón de su más importante socio europeo. Desde ese punto de vista, Grecia, Irlanda, Portuga, incluso España e Italia, son pasos en el camino, pero el destino es París. Es cuestión de sangre fría. A pesar de los embates de las bolsas y los ataques de pánico que las primas de riesgo y las agencias de calificación provocan en suelo europeo, a la canciller no le temblará el pulso. No piensa disparar la munición que aún tiene acumulada hasta que el enemigo esté lo suficientemente cera y tenga la seguridad de que dará en el blanco.
No habrá eurobonos hasta que no esté funcionando el Pacto Fiscal. La visión de Merkel de la crisis es utilitarista, los mercados están obligando a los países periféricos a emprender esas reformas que sólo aceptan con la soga al cuello y tendrán sobre Hollande el poder de convicción que le falta a Merkel. O por las buenas, o por la crisis, nos encaminaremos todos hacia un crecimiento que no dependa del crédito y sólo entonces los Estados serán lo suficientemente fuertes e independientes, no como ahora, para hacer frente a los mercados, así lo ve Merkel. El próximo paso hacia la Europa federal será crear un ministerio de finanzas europeo legitimado sobre estructuras democráticas federalistas. El gobierno de Berlín y la oposición han consensuado que lo mejor sería que los ciudadanos europeos voten directamente al Presidente de la Comisión para superar el déficit democrático en la Unión Europea. Para llegar ahí, sin embargo, se necesita que caigan las piezas mayores. Y en ello estamos. La batalla final se librará en París.

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